La Comisión Europea presentó el miércoles 16 de julio el presupuesto europeo para el periodo 2028-2034. Un presupuesto histórico de casi 2 billones de euros para el periodo 2028-2034. Pero tras las espectaculares cifras se esconde una elección política de consecuencias trascendentales: ¿priorizará Europa la solidaridad y la transición, o la competitividad industrial y la austeridad social?
El 16 de julio de 2025, la Comisión Europea desveló su proyecto de Marco Financiero Plurianual (MFP) para el periodo 2028-2034. Un impresionante presupuesto de casi 2 billones de euros, destinado a reforzar la Unión en un mundo marcado por la inestabilidad geopolítica, el cambio climático, la guerra de Ucrania, la transformación digital y las nuevas tensiones económicas. La ambición está clara. Pero las prioridades del presupuesto europeo para 2028-2034 son discutibles. Entre productivismo, rearme y fléchage tecnocrático, ¿marca este presupuesto una ruptura con el pasado? ¿O confirma una huida hacia adelante liberal, disfrazada de estrategia de resistencia?
Un mecanismo institucional destinado a tranquilizar a Berlín
El presupuesto europeo para 2028-2034 ha sido elaborado por la Comisión Europea teniendo en cuenta el equilibrio de poder entre los Estados miembros. Su adopción dependerá del voto unánime de los 27 Estados miembros, seguido del Parlamento Europeo. Pero su arquitectura refleja una clara voluntad de tranquilizar a las capitales influyentes, en particular Berlín y La Haya, insistiendo en palabras clave como disciplina presupuestaria, valor añadido europeo y flexibilidad.
Entre las novedades propuestas figura la creación de asociaciones regionales y nacionales destinadas a adaptar la estrategia europea a las realidades locales. Detrás de esta fórmula consensuada se esconde el riesgo de renacionalizar las políticas de cohesión: una vieja reivindicación de los gobiernos conservadores, desde Varsovia hasta Estocolmo. Esto podría conducir a una competencia entre regiones, en detrimento del principio mismo de la solidaridad europea.
Un presupuesto europeo récord para 2028-2034… ¿pero para qué prioridades?
La Comisión destaca un presupuesto sin precedentes de 1,920 billones de euros. Un aumento que parece espectacular, siempre que olvidemos que el presupuesto anterior había sido inflado por un plan de recuperación postcrisis de 800.000 millones de euros. La vuelta a los niveles «anteriores a la crisis» se disfraza hábilmente de crecimiento histórico.
Este presupuesto se basa en una serie de palancas:
- Un aumento de la contribución de los Estados miembros, del 1,1% al 1,26% de su renta nacional bruta.
- Nuevos recursos propios para la UE: impuestos a multinacionales (facturación >100 millones de euros), residuos electrónicos y tabaco, y ampliación del mecanismo del carbono en las fronteras.
- Tres prioridades: competitividad e innovación (451.000 millones de euros), seguridad y defensa (131.000 millones) y cambio climático (oficialmente el 35% del presupuesto).
Pero la lógica del reparto suscita una serie de críticas: las opciones elegidas hacen hincapié en la industria, los grandes grupos y la seguridad, mientras que las políticas sociales, las zonas desfavorecidas y los servicios públicos quedan marginados.
Una estrategia dictada por la competencia mundial
En su Comunicación, la Comisión Europea afirma que quiere construir una Europa fuerte e independiente para hacer frente a los retos mundiales. Habla de «autonomía estratégica», «soberanía industrial» y «capacidad de reacción rápida».
Pero esta retórica oculta un reenfoque neoliberal. La competitividad se eleva a pilar central, sin condiciones sociales ni ecológicas. Esta elección estratégica alinea a la Unión con la lógica de los mercados, en lugar de convertirla en protagonista de una transición justa e integradora. La promesa de «proteger a los ciudadanos europeos» queda eclipsada por el objetivo implícito de seguir el ritmo de Estados Unidos y China.
Más flexibilidad, menos transparencia
La Comisión insiste en la simplificación y flexibilidad del futuro presupuesto europeo para 2028-2034. Se ampliarán las líneas de crédito, se facilitarán las transferencias y los fondos serán «más sensibles» a las crisis.
Pero esta promesa de adaptabilidad oculta una tendencia preocupante: la centralización de las decisiones en Bruselas y su reinterpretación por los gobiernos nacionales corren el riesgo de debilitar el acceso directo de las autoridades locales, las asociaciones y las regiones. Disminuye el control democrático, disminuye la transparencia, y los primeros en ser atendidos volverán a ser los Estados mejor dotados, o las grandes empresas capaces de elaborar complejos expedientes en un tiempo récord.
Competitividad e innovación: una ganancia inesperada para las multinacionales
Los 451.000 millones de euros destinados a innovación en el presupuesto europeo 2028-2034 se presentan como una palanca para transformar la economía europea. Inteligencia artificial, digitalización, industria verde… En teoría, todo está ahí. Pero a falta de mecanismos vinculantes sobre las repercusiones sociales o medioambientales, existe el riesgo de que estos fondos alimenten sobre todo a los gigantes industriales, en detrimento de las PYME, las autoridades locales o los servicios públicos.
Sin garantías de empleo ni criterios de redistribución, este pilar podría convertirse en un simple refuerzo para los actores dominantes del mercado europeo.
Defensa: rearme acelerado a costa de la solidaridad
Los gastos de defensa ascenderán a 131.000 millones de euros. Europa se alinea así con una lógica de militarización progresiva, justificada por la guerra de Ucrania y el argumento de la soberanía estratégica.
Pero este planteamiento es motivo de preocupación para el presupuesto europeo 2028-2034. Para muchos eurodiputados de izquierdas, cada euro invertido en armamento es un euro que no se invierte en agricultura productora de alimentos, vivienda social o sanidad. El giro hacia la seguridad parece primar sobre la solidaridad.
Transición ecológica: objetivos diluidos, financiación ambigua
La Comisión promete que el 35% del presupuesto se destinará a la transición climática. Pero la definición de lo que es «verde» sigue sin estar clara. Las inversiones en infraestructuras industriales, metanización o agrotecnología se incluyen en este gasto, sin una distinción clara entre lo que es sostenible… y lo que no.
La Política Agrícola Común (PAC) se integraría en asociaciones locales, a riesgo de perder sus objetivos de cohesión. Las ayudas directas a las pequeñas explotaciones se reducirían drásticamente, al igual que la financiación de la pesca artesanal. Una vez más, la lógica del mercado prevalece sobre la de la resiliencia.
Presupuesto europeo 2028-2034: territorios olvidados, servicios públicos y cohesión social
Las políticas de cohesión, que hasta ahora tenían por objeto reducir las disparidades de desarrollo entre regiones, han visto reducido su número de programas de 27 a 8. Los fondos sociales se están integrando en regímenes más amplios, sin que se garantice su acceso a los territorios frágiles. Los fondos sociales se integran en regímenes más amplios, sin que se garantice el acceso de los territorios frágiles.
Toda la idea de una Europa de progreso compartido está siendo socavada. Sanidad, educación, vivienda, juventud… todas las prioridades relegadas a un segundo plano en favor de objetivos económicos considerados más rentables.
La izquierda denuncia un giro neoliberal encubierto
Para el Grupo de Izquierda, apoyado por los Verdes y varios socialistas, el presupuesto europeo 2028-2034 representa una traición al proyecto europeo de solidaridad. La competitividad se convierte en un fin en sí mismo, la transición ecológica en una estratagema de marketing y la flexibilidad en sinónimo de eludir la democracia.
Sus propuestas alternativas incluyen:
- Reforzar el Fondo Social Europeo y salvaguardar la política de cohesión.
- Condicionar la financiación a compromisos sociales y ecológicos.
- Gravar de verdad a las multinacionales y a los muy ricos.
- Dar a las regiones más vulnerables un poder real sobre el uso de los fondos.
- Establecer una auditoría democrática del presupuesto europeo.
Europa no puede pretender «proteger a sus ciudadanos» si sigue dando primacía a la lógica del mercado sobre la de la justicia. La elección de este presupuesto europeo 2028-2034 propuesto por la Comisión es política, no técnica. ¿Tiene todavía la Unión Europea el valor de construir un proyecto común basado en la justicia social, la ecología real y la democracia, o seguirá perdiéndose en los dictados del mercado?