Las elecciones presidenciales polacas de 2025 serán recordadas como un punto de inflexión, no sólo por la ajustada victoria del candidato nacional-conservador Karol Nawrocki sobre el liberal pro-europeo Rafał Trzaskowski, sino también por el cambio sísmico en el voto de los jóvenes, que fue masivamente captado por la derecha. Se trata de un escenario que debería preocupar a todas las izquierdas europeas, pues revela los defectos de una alternancia liberal incapaz de responder a la cólera social y a la necesidad de emancipación de los jóvenes.
Unas elecciones de alta tensión, reflejo de una sociedad fracturada
La campaña ha dejado al descubierto una Polonia dividida en dos. Por un lado, quienes aspiran a mayores derechos, igualdad e integración europea. Por otro, un bloque nacionalista, comprometido con la soberanía, que rechaza la inmigración y defiende los «valores tradicionales». A pesar de los escándalos, el PiS ha conseguido movilizar a sus bases, sobre todo en las zonas rurales y las pequeñas ciudades, jugando con el miedo al cambio y la desconfianza hacia Bruselas.
La fatiga de la coalición de Tusk, caldo de cultivo para la remontada conservadora
El relevo en 2023 había suscitado esperanzas. Pero la coalición de Tusk, de composición heterogénea y dividida entre el centro-derecha y el centro-izquierda, no ha respondido a las expectativas populares. Las reformas sociales y económicas han tardado en llegar, la cohabitación con un presidente hostil ha paralizado la acción y el cansancio democrático se ha extendido a una parte del electorado. Esta decepción ha abierto un bulevar al PiS, que ha sabido presentarse como la alternativa «antisistema» a pesar de ocho años de gobierno autoritario.
La trampa de la polarización y el papel de la extrema derecha
La victoria de Nawrocki también dependió de la transferencia masiva de votos de la extrema derecha, que había acumulado más del 20% en la primera vuelta. El PiS utilizó el miedo como instrumento, aumentando su retórica xenófoba y antiucraniana, y beneficiándose del apoyo de la derecha estadounidense trumpista. En una sociedad polarizada, la izquierda social y progresista fue incapaz de imponer sus temas, o de movilizar suficientes apoyos frente a la maquinaria conservadora.
Los jóvenes, sorpresa conservadora y síntoma de malestar democrático
Pero la sorpresa de estas elecciones fue el voto de los jóvenes. El grupo de 18 a 29 años, más movilizado que nunca, votó masivamente por la derecha y la extrema derecha. Entre los jóvenes, el voto de protesta alcanzó el 60%, con un 40% para la extrema derecha y un 35% para el partido nacionalista libertario Konfederacja. El PiS y sus aliados obtuvieron casi el 53% de los votos en este grupo de edad, relegando a la izquierda radical al 19%, a pesar de la dinámica campaña de Adrian Zandberg1.
Este giro puede explicarse por el rechazo al sistema, la desilusión con la política tradicional y el fracaso de la izquierda a la hora de ofrecer una alternativa creíble. El voto a Konfederacja, en particular, estuvo motivado por sus promesas ultraliberales y su retórica antiimpuestos, ampliamente difundidas en TikTok y las redes sociales. La ira social, la precariedad laboral, la crisis inmobiliaria y el aumento de las desigualdades no encontraron salida en la izquierda. El resultado: los jóvenes votaron en contra de sus propios intereses de clase, atrapados por la hegemonía cultural de la derecha y la falta de alternativa.
¿Cuáles son las implicaciones para la izquierda?
Cuando los jóvenes, que se supone que son el motor del cambio, se pasan en masa a la derecha y a la extrema derecha, es señal de un profundo malestar democrático. Ya no basta con oponerse a la reacción o apostar por Europa. Hay que reconstruir un proyecto popular, social y ecologista, capaz de hablar a los jóvenes, responder a sus angustias materiales y ofrecerles una visión de emancipación.
La derrota de los liberales polacos no es sólo la derrota de un bando, sino la derrota de una estrategia que se contenta con la gestión y la integración europea sin responder a la cólera social. Mientras la izquierda, en Polonia como en otras partes, siga marginada o reducida a un papel secundario, el campo seguirá ocupado por nacionalistas, reaccionarios y odiadores.
La izquierda debe escuchar este mensaje, en Polonia como en todas partes, si quiere volver a ser una fuerza de esperanza para la nueva generación.