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Militarización de las fronteras europeas: la izquierda alerta sobre Frontex

Par Yohan Taillandier
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¿Estamos asistiendo a la militarización de las fronteras europeas? Mientras el Parlamento Europeo estudia un nuevo refuerzo del mandato de Frontex, la agencia europea de vigilancia de fronteras suscita críticas. En pocos años, Frontex se ha convertido en el brazo armado de la política migratoria de la UE y, para una gran parte de la izquierda europea, encarna la deriva en materia de seguridad de una Europa que se cierra. Con un presupuesto en aumento, una misión cada vez menos clara y una eficacia cuestionada, Frontex se encuentra hoy en el centro del debate sobre el futuro de la política migratoria europea. Creada en 2004 para coordinar la gestión de las fronteras exteriores de la Unión, la agencia ha visto cómo se disparaban sus recursos. Su presupuesto ha pasado de 142 millones de euros en 2015 a más de 900 millones de euros en 2025, y ahora emplea a más de 10.000 personas.

La imagen de una Europa abrumada por los inmigrantes sigue alimentando el discurso político. Sin embargo, las cifras cuentan una historia muy distinta. Según los últimos datos publicados por Frontex, los cruces irregulares en las fronteras exteriores de la UE cayeron un 31% en el primer trimestre de 2025, alcanzando su nivel más bajo desde 2021.

Según la Comisión Europea, la ampliación de Frontex se justifica por la necesidad de reforzar la protección de las fronteras ante los «retos migratorios». Pero las críticas arrecian en la izquierda. Denuncian la creciente militarización, contraria a los valores fundamentales de la Unión y totalmente ineficaz en términos humanitarios y de seguridad.

Militarización de las fronteras europeas: obsesión por la seguridad pese al descenso de las llegadas

Sólo algunas rutas migratorias, como el Mediterráneo central o las Islas Canarias, están experimentando picos ocasionales de llegadas. Pero en general, la Unión Europea está experimentando un descenso significativo de los flujos. Pero esto no ha atenuado la respuesta política. Todo lo contrario: la obsesión por el control sigue guiando las decisiones, en detrimento de los derechos humanos.

La izquierda europea da la voz de alarma contra la militarización de las fronteras europeas

En el Parlamento Europeo, los partidos de izquierda han convertido Frontex en un símbolo. Para La Izquierda, la agencia debería simplemente disolverse. El grupo denuncia su papel en las devoluciones ilegales, la violencia fronteriza y las violaciones recurrentes del Derecho internacional. En su opinión, Frontex no puede reformarse. La alternativa es crear vías legales de acceso al asilo y acabar con la impunidad de los abusos cometidos en las fronteras.

Los ecologistas, en cambio, piden una transformación radical de la agencia. Quieren convertirla en un actor humanitario, encargado de proteger a los migrantes en lugar de hacerlos retroceder. Para ello, habría que prohibir las expulsiones y establecer misiones europeas de rescate en el Mediterráneo. En la actualidad, estas misiones son llevadas a cabo casi exclusivamente por ONG, a menudo obstaculizadas por los gobiernos.

Los Socialistas y Demócratas (S&D) no van tan lejos, pero su crítica es igual de clara. Piden una reforma estructural de Frontex, un mayor control parlamentario y una política de asilo basada en la solidaridad. Rechazan la lógica del cierre y la externalización de las fronteras, y piden un reparto equitativo de las instalaciones de acogida entre los Estados miembros.

Mayores recursos para resultados cuestionables

A pesar de sus considerables recursos, los resultados de Frontex son muy discutidos. Un informe sigue a otro y todos parecen iguales: falta de transparencia, excesos presupuestarios, eficacia cuestionable. Ya en 2022, el Tribunal de Cuentas Europeo señaló las deficiencias del funcionamiento de la agencia. En 2023, un explosivo informe de la Oficina Europea de Lucha contra el Fraude (OLAF) revelaba casos de acoso, abuso de poder e importantes disfunciones internas.

Aún más preocupantes son las actuaciones de Frontex sobre el terreno. La agencia es acusada regularmente de estar implicada en deportaciones ilegales, tanto en el mar como en tierra, en violación del derecho de asilo. En la frontera greco-turca, en los Balcanes y frente a las costas de Libia, investigaciones independientes, ONG e incluso instituciones europeas han documentado prácticas contrarias al derecho internacional.

La militarización de las fronteras europeas, una catástrofe humanitaria a cielo abierto

Detrás de las cifras, hay vidas. Desde 2014, más de 27.000 personas han muerto en el Mediterráneo tratando de llegar a Europa, según la Organización Internacional para las Migraciones (OIM). Cada año podrían evitarse miles de muertes en Europa. Pero los controles más estrictos no han impedido que la gente se marche: simplemente han hecho que las rutas sean más peligrosas, más largas y más mortíferas.

Para la izquierda, esta masacre es el resultado de una elección política. Al negarse a organizar vías legales de acceso al asilo, al obstaculizar las operaciones de rescate y al confiar la gestión de las fronteras a agencias militarizadas, la UE sacrifica sus valores. «Frontex es el escaparate de una Europa deshumanizada», afirma un eurodiputado de La Izquierda. «Preferimos construir muros que puentes.

Militarización de las fronteras europeas: ¿hacia la ruptura o la continuidad?

El debate sobre Frontex está cristalizando profundas fisuras en el seno del Parlamento Europeo. Por un lado, una mayoría de derechistas y centristas sigue defendiendo una visión de la política migratoria basada en la seguridad. Por otro, la izquierda intenta construir una alternativa, basada en la aceptación, la solidaridad y el respeto de los derechos humanos.

Pero ante una opinión pública a menudo influenciada por el alarmismo, la ecuación sigue siendo compleja. La derecha comprendió hace tiempo que la seguridad es rentable en términos electorales. La izquierda, en cambio, tiene que luchar mucho para que la gente escuche un discurso que va a contracorriente, que a veces es impopular pero que tiene sentido.

Europa en un punto de inflexión

La militarización de las fronteras europeas no puede darse por sentada. Para las fuerzas progresistas, aún hay tiempo de cambiar de rumbo. Esto presupone una firme voluntad política y los recursos adecuados, pero también un cambio de perspectiva: tratar a los inmigrantes no como una amenaza, sino como seres humanos.

En esta batalla, Frontex es más que una agencia: es un revelador. Un revelador de las prioridades de la Unión, de sus contradicciones y de su capacidad -o no- para mantenerse fiel a los valores que proclama. La política migratoria de mañana será una prueba. Una prueba de solidaridad, dignidad y democracia.


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