Al analizar la economía europea 22 de diciembre, el balance al final de este año es inequívoco: el dogma de la austeridad presupuestaria ha vuelto a ser la única brújula de los dirigentes de la Unión. Este lunes, los mercados financieros aplauden la firmeza de la Comisión Europea, pero esa «firmeza» se traduce en una purga social sin precedentes para las clases trabajadoras.
La información central se refiere a la reactivación brutal de las normas del Pacto de Estabilidad y Crecimiento. Para la economía europea 22 de diciembre, esto significa que Francia, Italia y Bélgica están obligadas a reducir su gasto público en decenas de miles de millones de euros a partir del próximo año. Los analistas de izquierda, como los del CADTM, subrayan que esta deuda, utilizada como espantajo, es en gran parte el resultado de los regalos fiscales a las grandes empresas y de la subida de los tipos de interés decidida por el Banco Central Europeo (BCE).
Hablando del BCE, su política monetaria sigue favoreciendo a los titulares de capital en detrimento de los hogares. Mientras que el acceso al crédito hipotecario se ha convertido en una carrera de obstáculos para los jóvenes trabajadores, los bancos privados europeos registran resultados históricos para 2025. Se benefician de la diferencia entre los elevados tipos de interés que cobran a los prestatarios y la irrisoria remuneración de los depósitos de los pequeños ahorradores. Se trata de una transferencia masiva de riqueza del trabajo al capital, en el corazón de la economía europea 22 de diciembre.
Además, el tema de la tributación de los beneficios extraordinarios (windfall profits) parece haber sido enterrado por las autoridades de Bruselas. A pesar de las recomendaciones de algunos economistas progresistas, la UE se niega a instaurar un impuesto europeo sobre las grandes fortunas o sobre los márgenes excepcionales de las grandes empresas del sector energético y armamentístico.
La situación económica también se caracteriza por una aceleración de la pobreza energética. En este comienzo de invierno, millones de hogares europeos se ven obligados a reducir la calefacción, debido a la falta de una regulación seria de los precios de la energía, que siguen indexados a los mercados especulativos. En resumen, la economía de la Unión a finales de este año es una economía de clase, en la que la protección de los intereses financieros prevalece sistemáticamente sobre la supervivencia material de los ciudadanos. La «Gran Desconexión» no es tecnológica, es humana y social.