Cuando cierran los colegios electorales, el 23 de junio de 2016 a las 22:00 horas, la mayoría de los institutos de sondeos anuncian una victoria, aunque ajustada, del campo favorable a la permanencia en la Unión Europea. Al igual que muchos observadores, sigo esa noche electoral frente a mi pantalla. Como titulado con un máster en Derecho laboral europeo, me cuesta imaginar que los británicos puedan realmente optar por salir de la Unión.
Aunque se incorporó a la Comunidad Económica Europea en 1973, tras dos vetos sucesivos de Francia, el Reino Unido gozaba, sin embargo, de un estatus único dentro de la Unión Europea. Había conservado la libra esterlina, se había negado a integrarse en el espacio Schengen y había negociado numerosas excepciones a lo largo de las décadas. En mi opinión, las ventajas económicas y políticas de esta situación parecían superar con creces las limitaciones.
Entonces empiezan a conocerse los resultados. Muy pronto, un nombre aparece en todos los canales de noticias: Sunderland. Esta antigua ciudad industrial del noreste de Inglaterra vota en un 61 % a favor del Leave. Los periodistas de la BBC comprenden de inmediato que está ocurriendo algo inesperado. A lo largo de la noche, otros bastiones obreros siguen el mismo camino: Hartlepool, Middlesbrough, Stoke-on-Trent, Doncaster e incluso Barnsley. Unas horas más tarde, el veredicto es definitivo: el 51,9 % de los británicos ha optado por salir de la Unión Europea.
Aquella noche, muchos europeos hablaron de un voto irracional. Diez años después, esa interpretación parece demasiado simplista. Y es que el Brexit no se explica únicamente por el euroescepticismo o el nacionalismo. También es el resultado de fracturas sociales, económicas y territoriales que se han ido agravando a lo largo de varias décadas. Para entender por qué la mayoría de los británicos votó a favor de la salida, hay que remontarse mucho antes del referéndum.
La desindustrialización en el Reino Unido: una herida abierta desde hace cuarenta años
La historia comienza a principios de la década de 1980. Bajo los gobiernos de Margaret Thatcher, el Reino Unido emprendió una transformación radical de su economía. Los sectores tradicionales, como el carbón, la siderurgia, la construcción naval o el textil, entraron en rápido declive en beneficio de los servicios y las finanzas.
Entre 1979 y mediados de la década de 1990, el país perdió alrededor de 2,5 millones de empleos industriales, lo que supone casi la mitad de su mano de obra manufacturera. Cientos de minas cerraron definitivamente. Los grandes astilleros que habían forjado la riqueza del norte de Inglaterra desaparecieron progresivamente. Las acerías despidieron a miles de trabajadores. Mientras la City de Londres se convertía en uno de los centros financieros más poderosos del mundo, otra Gran Bretaña se hundía en la incertidumbre.
En Sunderland, que en su día fue uno de los mayores centros de construcción naval del mundo, los muelles se fueron vaciando poco a poco. En Middlesbrough, antigua capital de la siderurgia, los altos hornos cerraron uno tras otro. En Hartlepool o en Stoke-on-Trent, generaciones enteras vieron cómo desaparecían los empleos que habían dado sustento a sus familias.
En muchas de estas ciudades, no se trataba solo de una crisis económica. Era toda una identidad la que se desmoronaba. Los jóvenes se marchaban en busca de trabajo a otros lugares. Los comercios cerraban. Los centros urbanos se deterioraban. Se instaló de forma duradera la sensación de haber sido abandonados por Londres. Cuando estalló la crisis financiera mundial en 2008, estas zonas ya se encontraban profundamente debilitadas.
¿Qué repercusiones ha tenido la austeridad en los servicios públicos británicos?
Tras la crisis bancaria, el Gobierno británico puso en marcha uno de los programas de austeridad más importantes de Europa Occidental. Entre 2010 y 2019, los presupuestos de las administraciones locales se redujeron, en algunos casos, entre un 20 % y un 30 %, dependiendo de la región. Las consecuencias se hicieron rápidamente visibles en la vida cotidiana de los ciudadanos.
Cerraron bibliotecas. Desaparecieron líneas de autobús. Se clausuraron centros sociales. Las administraciones locales redujeron sus inversiones. En algunos municipios, los bancos de alimentos se convirtieron en un recurso permanente para una parte de la población.
El Servicio Nacional de Salud (NHS), una auténtica institución nacional desde su creación en 1948, también se vio sometido a una creciente presión. En 2016, cerca de 3,9 millones de pacientes ya figuraban en listas de espera para una operación o un tratamiento hospitalario. Los servicios de urgencias tenían dificultades para hacer frente a la afluencia de pacientes y los problemas de contratación eran cada vez más evidentes.
Para muchos británicos, la conclusión era clara: los servicios públicos se deterioraban mientras Londres seguía exhibiendo una prosperidad insolente. Esta brecha entre la capital y el resto del país se convirtió en uno de los principales motores del voto a favor del Leave.
Cómo Bruselas se convirtió en el chivo expiatorio perfecto
Sin embargo, surge una pregunta. ¿Fueron los cierres de fábricas, los recortes presupuestarios, las dificultades del NHS o la desindustrialización decisiones tomadas desde Bruselas? En su inmensa mayoría, no. La política industrial, la sanidad, el gasto público e incluso la organización de los servicios públicos son competencias que recaen principalmente en los sucesivos gobiernos británicos.
Pero la realidad política suele ser más compleja que la realidad institucional. Durante más de veinte años, una parte de la prensa británica fue construyendo un relato en el que la Unión Europea aparecía como responsable de gran parte de las dificultades del país. Los tabloides denunciaban con frecuencia normativas consideradas absurdas, una burocracia alejada de los ciudadanos o una inmigración presentada como descontrolada. A fuerza de repetición, Bruselas acabó encarnando todas las frustraciones acumuladas durante varias décadas.
Los estudios de la Fundación Joseph Rowntree muestran, además, que el voto a favor del Leave fue especialmente elevado en los territorios que acumulaban pobreza, bajos niveles de cualificación, escasa movilidad social y una profunda sensación de abandono. El Brexit aparece, por tanto, menos como un rechazo a Europa que como el síntoma de una profunda crisis de confianza hacia las élites políticas.
La genialidad política de la campaña a favor del Leave: convertir la indignación en votos
A medida que se acercaba el referéndum, las dificultades económicas y sociales del Reino Unido eran muy reales. Pero aún había que convencer a los votantes de que abandonar la Unión Europea era la solución. Y fue precisamente ahí donde los partidarios del Leave lograron imponerse.
En lugar de entrar en un debate técnico sobre los tratados europeos o el funcionamiento de las instituciones de Bruselas, optaron por hablar de la vida cotidiana de los británicos. Sus argumentos se centraban en cuestiones concretas: los hospitales, la inmigración, la agricultura, la pesca, el coste de la vida o la soberanía nacional.
El eslogan «Take Back Control» («Recuperar el control») resume por sí solo esta estrategia. En solo tres palabras, prometía devolver a los británicos el control de sus fronteras, sus leyes, su dinero y su futuro. Detrás de esta fórmula, deliberadamente sencilla, se escondía una idea poderosa: si el Reino Unido atravesaba dificultades, era porque ya no decidía plenamente sobre su propio destino.
La campaña multiplicó entonces los mensajes simbólicos. El más famoso sigue siendo, sin duda, el autobús rojo, en el que figuraba una promesa que pasó a la historia: «Enviamos 350 millones de libras a la Unión Europea cada semana. Mejor financiemos nuestro NHS».
Esta afirmación dejó una huella duradera en la memoria colectiva. Sin embargo, ya en aquella época fue cuestionada por numerosos economistas. Los 350 millones de libras correspondían a la contribución bruta del Reino Unido al presupuesto europeo. Esta cifra no tenía en cuenta el descuento británico conseguido por Margaret Thatcher en la década de 1980, ni los fondos europeos que posteriormente regresaban al Reino Unido en forma de ayudas agrícolas, regionales o destinadas a la investigación. Por tanto, la cantidad realmente abonada era considerablemente inferior. Pero, en política, un mensaje sencillo suele imponerse a una explicación compleja.
La cuestión migratoria también ocupó un lugar central en la campaña. Tras la ampliación de la Unión Europea a los países de Europa Central y Oriental en 2004, el Reino Unido fue uno de los pocos Estados miembros que abrió inmediatamente su mercado laboral a los nuevos ciudadanos europeos. Entre 2004 y 2016, el número de ciudadanos de la Unión Europea residentes en el Reino Unido pasó de aproximadamente 1,5 millones a más de 3,5 millones.
Para una parte de la población, esta evolución alimentó la sensación de que las infraestructuras, la vivienda o los servicios públicos tenían dificultades para absorber el crecimiento de la población. Sin embargo, la mayoría de los estudios económicos concluyen que la inmigración europea tuvo un efecto globalmente positivo sobre las finanzas públicas y el crecimiento británico. Una vez más, la percepción de los votantes difería a menudo de los análisis de los economistas.
Las redes sociales también desempeñaron un papel sin precedentes durante esta campaña. Facebook se convirtió en un espacio clave para la difusión de mensajes políticos, mientras que las técnicas de segmentación publicitaria permitían adaptar los argumentos en función del perfil de cada votante. El caso de Cambridge Analytica, revelado unos años más tarde, alimentó además un amplio debate sobre el uso de los datos personales durante el referéndum.
La noche del 23 de junio de 2016, los británicos no votaban únicamente sobre la Unión Europea. También votaban sobre su poder adquisitivo, su sistema sanitario, su identidad nacional, su confianza en las élites políticas y su sensación de haber sido olvidados.
Diez años después, los eslóganes han dado paso a los hechos. Las promesas de la campaña pueden ahora contrastarse con la realidad económica, social y política del Reino Unido.
Las consecuencias económicas y sociales del Brexit diez años después
La mañana del 24 de junio de 2016, el Reino Unido despertó profundamente dividido. Diez años después, la perspectiva que da el tiempo permite por fin comparar las promesas de los partidarios del Leave con la realidad de las cifras.
El Brexit en 5 cifras clave
¿Cuál es el balance del Brexit, diez años después, para el sistema sanitario (NHS)?
Más allá de las polémicas, ¿ha permitido el Brexit salvar el NHS? La respuesta es matizada. El Reino Unido ha aumentado efectivamente el gasto sanitario desde 2016. Sin embargo, estos incrementos forman parte de una tendencia que ya había comenzado antes del referéndum y no pueden atribuirse únicamente al Brexit.
Al mismo tiempo, las dificultades estructurales del sistema sanitario se han agravado. Las listas de espera superan hoy los 7 millones de personas. Los servicios de urgencias siguen sometidos a una fuerte presión y los hospitales continúan enfrentándose a una escasez crónica de personal. El Brexit también ha complicado la contratación de profesionales procedentes de la Unión Europea. El fin de la libre circulación ha provocado un descenso de estas incorporaciones, lo que ha obligado al Reino Unido a recurrir en mayor medida a profesionales procedentes de la India, Filipinas o Nigeria.
¿Qué repercusiones ha tenido el Brexit en la inmigración en el Reino Unido?
La inmigración fue, sin duda, el tema que más marcó la campaña del Leave. En 2016, muchos británicos consideraban que la libre circulación impedía al país controlar sus fronteras.
Desde el punto de vista jurídico, el Brexit cambió profundamente la situación. Desde 2021, la libre circulación entre el Reino Unido y la Unión Europea ha dejado de existir. Los ciudadanos europeos están ahora sujetos, al igual que los de otras nacionalidades, a un sistema de inmigración por puntos basado en las competencias, las cualificaciones y las necesidades del mercado laboral.
El objetivo declarado era claro: reducir la inmigración de forma duradera. Sin embargo, la realidad ha resultado ser más compleja. La inmigración procedente de los países de la Unión Europea ha disminuido de forma significativa. En cambio, las llegadas desde terceros países han aumentado considerablemente para cubrir las necesidades de contratación en sectores como la sanidad, el transporte, la hostelería, los servicios asistenciales o las universidades.
En la actualidad, el Reino Unido controla con mayor rigor las condiciones de entrada en su territorio, pero el nivel global de inmigración sigue siendo elevado. El Brexit no ha eliminado la dependencia de la economía británica de la mano de obra extranjera.
¿Cuáles son las consecuencias económicas reales del Brexit?
Para los defensores del Leave, abandonar la Unión Europea debía permitir al Reino Unido recuperar plenamente su libertad económica. Diez años después, el balance resulta mucho más matizado. El Reino Unido sigue siendo la sexta economía del mundo y Londres mantiene su posición como uno de los principales centros financieros de Europa en numerosos ámbitos. Los escenarios catastróficos anunciados durante la campaña no llegaron a materializarse.
Sin embargo, la mayoría de las instituciones económicas coinciden hoy en una misma conclusión: el Brexit ha frenado el crecimiento económico. La Oficina de Responsabilidad Presupuestaria (OBR) estima que la salida del mercado único reducirá, a largo plazo, la productividad británica en torno a un 4 % y el volumen de los intercambios comerciales con la Unión Europea en aproximadamente un 15 % en comparación con un escenario en el que el Reino Unido hubiera permanecido en la UE.
Esta pérdida se explica principalmente por el fin de la libre circulación de mercancías. En la actualidad, los exportadores deben cumplimentar declaraciones aduaneras, presentar certificados sanitarios para determinados productos, cumplir las normas de origen y someterse a nuevos controles administrativos. Para muchas pymes, estas nuevas obligaciones representan un coste adicional que, en ocasiones, resulta difícil de asumir. Algunas pequeñas empresas han optado por dejar de exportar a la Unión Europea o por crear una filial en el continente para evitar estos nuevos trámites.
¿Han recuperado su libertad los agricultores y pescadores británicos?
Entre los sectores más favorables al Brexit se encontraban la agricultura y la pesca. Los agricultores denunciaban la carga administrativa de la Política Agrícola Común (PAC), mientras que los pescadores popularizaron el lema «recuperar el control de nuestras aguas».
En este sentido, el Brexit sí cambió las reglas del juego. El Reino Unido dispone ahora de mayor libertad para definir su política agrícola y negociar las condiciones de acceso a sus zonas de pesca. Sin embargo, esta soberanía recuperada viene acompañada de una nueva realidad económica.
Antes del Brexit, cerca del 60 % de las exportaciones agroalimentarias británicas se destinaban al mercado europeo. Desde 2021, toda exportación de carne, productos lácteos o productos del mar requiere certificados sanitarios y está sujeta a controles más estrictos. En el caso de los productos frescos, estos nuevos retrasos logísticos han tenido, en ocasiones, importantes repercusiones en las entregas.
La agricultura británica también ha tenido que hacer frente a la escasez de trabajadores temporeros. Con el fin de la libre circulación, los agricultores han encontrado mayores dificultades para contratar esta mano de obra indispensable, lo que llevó al Gobierno a establecer un régimen específico de visados.
Balance del Brexit diez años después: ¿qué lecciones debe extraer la Unión Europea del Brexit?
Diez años después del referéndum, el Brexit trasciende con creces el marco de las relaciones entre Londres y Bruselas. Constituye, ante todo, una advertencia para todo el proyecto europeo.
El referéndum de 2016 cuenta, ante todo, la historia de un país profundamente dividido. Por un lado, Londres, las grandes áreas metropolitanas, los titulados universitarios y una parte importante de la juventud votaron masivamente a favor de permanecer en la Unión Europea. Por otro, las antiguas regiones industriales del norte de Inglaterra, las ciudades medianas afectadas por la desindustrialización y parte de las zonas rurales optaron por abandonar la Unión.
El cierre de fábricas, las políticas de austeridad, el deterioro progresivo de determinados servicios públicos y la creciente sensación de declive alimentaron una desconfianza cada vez mayor hacia la clase política. El Brexit recuerda así una realidad que la Unión Europea no debería ignorar: cuando los ciudadanos sienten que su nivel de vida empeora o que sus territorios están siendo abandonados, los argumentos técnicos sobre las ventajas del mercado único dejan de ser suficientes.
A pesar de la salida del Reino Unido, la Unión Europea cuenta hoy con cerca de 450 millones de habitantes y sigue siendo el mayor mercado único del mundo. Las encuestas del Eurobarómetro muestran además que, tras el Brexit, el apoyo a la pertenencia a la Unión Europea ha alcanzado algunos de sus niveles más altos de las últimas décadas en numerosos Estados miembros.
Sin embargo, esta estabilidad no debe ocultar las fragilidades existentes. Los problemas a los que se enfrentan algunas regiones de Europa —la desindustrialización, la sensación de abandono en las zonas rurales, la crisis de la vivienda o el aumento de las desigualdades— recuerdan a los que existían en el norte de Inglaterra antes de 2016. Si estas fracturas continúan agravándose, podrían alimentar en otras partes de Europa el mismo descontento.
La principal lección que deja esta historia es que resulta imprescindible ofrecer a los ciudadanos razones concretas para seguir creyendo en el proyecto europeo. La Unión deberá demostrar, en la vida cotidiana, que contribuye a proteger a los trabajadores, reducir las desigualdades territoriales, acompañar las transiciones industriales y reforzar los servicios públicos junto con los Estados miembros.
Salir de una unión política permite recuperar el control jurídico de las fronteras, pero ninguna de esas decisiones sustituye a una política capaz de responder a las preocupaciones cotidianas de los ciudadanos. Diez años después, la verdadera pregunta sigue siendo la misma: ¿sabrá Europa escuchar el malestar que hizo posible el Brexit antes de que se manifieste en otros lugares del continente?
Mientras tanto, diez años después de la gran ruptura, la realidad termina imponiéndose a los eslóganes. El anunciado regreso del Reino Unido al programa Erasmus+ a partir de 2027 simboliza la reconstrucción de los puentes del conocimiento y de la juventud, recordando que, aunque las instituciones puedan separarse, resulta mucho más difícil desvincular de forma duradera a un pueblo de su continente.
¿Por qué ha abandonado el Reino Unido la Unión Europea?
El Brexit fue el resultado de una combinación de factores: el sentimiento de abandono en las antiguas regiones industriales, la preocupación por la inmigración, las críticas a la burocracia europea, el deseo de recuperar el control de la legislación nacional y la creciente desconfianza hacia las élites políticas.
¿Es el Brexit un éxito o un fracaso?
El balance es desigual. El Reino Unido ha recuperado soberanía jurídica en numerosos ámbitos y puede firmar sus propios acuerdos comerciales. Sin embargo, la mayoría de los organismos independientes consideran que el Brexit ha frenado el crecimiento económico, ha complicado los intercambios con la Unión Europea y ha agravado las dificultades de contratación en determinados sectores.
¿Ha reducido el Brexit la inmigración en el Reino Unido?
La inmigración procedente de la Unión Europea ha disminuido considerablemente desde el fin de la libre circulación. En cambio, han aumentado las llegadas procedentes de terceros países. El Reino Unido controla más estrictamente sus fronteras, pero el nivel global de inmigración sigue siendo elevado.
¿Puede el Reino Unido volver a la Unión Europea?
Sí, desde el punto de vista jurídico, nada lo prohíbe. El artículo 49 del Tratado de la Unión Europea permite a cualquier Estado europeo solicitar su adhesión. Sin embargo, el Reino Unido no recuperaría automáticamente las condiciones ventajosas de las que disfrutaba antes del Brexit, como el descuento presupuestario o las excepciones respecto al euro y al espacio Schengen. Tendría que presentar una nueva solicitud, negociar con los veintisiete Estados miembros y cumplir las condiciones de adhesión vigentes.
¿Qué responsables políticos han desempeñado un papel fundamental en el Brexit?
Varias figuras políticas dejaron una profunda huella en esta etapa de la historia británica. El primer ministro David Cameron prometió celebrar un referéndum en 2013 con el objetivo de aliviar las divisiones dentro del Partido Conservador y frenar el ascenso del partido euroescéptico UKIP, liderado por Nigel Farage. Tras la victoria del «Leave», David Cameron anunció su dimisión al día siguiente del referéndum.
Boris Johnson, una de las principales figuras de la campaña del «Leave», se convirtió posteriormente en primer ministro y condujo al Reino Unido hasta su salida efectiva de la Unión Europea el 31 de enero de 2020. Otras personalidades, como Michael Gove, también desempeñaron un papel destacado en la campaña.
¿Por qué organizó David Cameron el referéndum sobre el Brexit?
Sin duda, es una de las mayores ironías de la historia política británica. David Cameron estaba personalmente a favor de que el Reino Unido permaneciera en la Unión Europea. Si prometió celebrar un referéndum, fue sobre todo para intentar poner fin a las divisiones dentro de su propio partido y frenar el auge de UKIP, cuyo discurso antieuropeo seducía a una parte cada vez mayor del electorado conservador.
Su apuesta consistía en organizar un referéndum que creía poder ganar para zanjar definitivamente el debate europeo. El resultado produjo exactamente el efecto contrario: el Leave se impuso con el 51,9 % de los votos, David Cameron anunció su dimisión al día siguiente y el Reino Unido inició un proceso histórico de salida de la Unión Europea.
Este referéndum, concebido como una solución política interna, acabó trastocando el futuro del país y de toda Europa.
¿Volverá el Reino Unido a formar parte del programa Erasmus+ en 2027?
Sí. El Reino Unido debe reincorporarse a Erasmus+ a partir de enero de 2027, tras un acuerdo alcanzado con la Unión Europea. Es uno de los símbolos del acercamiento entre Londres y Bruselas después del Brexit.
El país había abandonado Erasmus+ tras su salida de la UE y lo había sustituido por el Turing Scheme, un programa nacional menos completo, sobre todo porque no fomentaba en la misma medida los intercambios recíprocos con las universidades europeas.
Este regreso no pone en cuestión el Brexit, pero demuestra que Londres sigue considerando útil una parte de la cooperación europea, especialmente para los estudiantes, los aprendices, los docentes y las asociaciones.
Fuentes:
- Oficina de Responsabilidad Presupuestaria (OBR) – Análisis del Brexit – https://obr.uk/forecasts-in-depth/the-economy-forecast/brexit-analysis/
- Oficina de Responsabilidad Presupuestaria (OBR) – El efecto de la salida de la UE sobre la productividad – https://obr.uk/box/the-effect-on-productivity-of-leaving-the-eu/
- Oficina de Responsabilidad Presupuestaria (OBR) – ¿Cómo están funcionando nuestras hipótesis de previsión sobre el Brexit? – https://obr.uk/box/how-are-our-brexit-forecasting-assumptions-performing/
- Autoridad de Estadística del Reino Unido – Declaración sobre el uso de estadísticas oficiales relativas a las contribuciones a la Unión Europea –
https://uksa.statisticsauthority.gov.uk/news/uk-statistics-authority-statement-on-the-use-of-official-statistics-on-contributions-to-the-european-union/ - Autoridad de Estadística del Reino Unido – Uso de la cifra de «350 millones de libras a la semana» para describir las contribuciones financieras del Reino Unido a la UE –
https://uksa.statisticsauthority.gov.uk/correspondence/use-de-la-cifra-de-350-millones-a-la-semana-para-describir-las-contribuciones-financieras-del-Reino-Unido-a-la-UE/ - Oficina Nacional de Estadística (ONS) – Afirmaciones de la campaña a favor del «Leave» durante el debate sobre el Brexit –
https://www.ons.gov.uk/aboutus/transparencyandgovernance/freedomofinformationfoi/leavecampaignclaimsduringbrexitdebate - Fundación Joseph Rowntree – Pobreza en el Reino Unido / Desigualdades regionales – https://www.jrf.org.uk/
- NHS England – Estadísticas sobre los tiempos de espera desde la derivación hasta el tratamiento (RTT) – https://www.england.nhs.uk/statistics/statistical-work-areas/rtt-waiting-times/
- Ministerio del Interior (Gobierno del Reino Unido) – Estadísticas del sistema de
inmigración https://www.gov.uk/government/collections/immigration-statistics-quarterly-release - Departamento de Medio Ambiente, Alimentación y Asuntos Rurales (DEFRA) – La agricultura en el Reino Unido
https://www.gov.uk/government/collections/agriculture-in-the-united-kingdom - Biblioteca de la Cámara de los Comunes – Informes de investigación: Brexit – https://commonslibrary.parliament.uk/topic/brexit/
- Eurobarómetro – Opinión pública en la Unión Europea – https://europa.eu/eurobarometer/