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Acuerdo UE-Mercosur: la trampa explosiva del 90% para eludir a Francia

Par Yohan Taillandier
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Es el tema candente que pone a Europa bajo tensión. La Comisión Europea, bajo la dirección de Ursula von der Leyen, intenta imponer el acuerdo UE-Mercosur antes de fin de año. ¿La estrategia? Una maniobra jurídica inédita para eludir el veto francés. Consecuencia: el 90% del texto podría aplicarse inmediatamente. Análisis de este pulso político.

Para entender la crisis política que sacude a Bruselas, hay que observar lo que realmente está en juego. El acuerdo UE-Mercosur es un gigantesco tratado de libre comercio negociado desde hace 25 años entre la Unión Europea y las potencias de América del Sur: Brasil, Argentina, Uruguay y Paraguay.

El objetivo declarado es comercial: eliminar los aranceles para exportar coches y servicios europeos, e importar a cambio carne de vacuno, soja, etanol y materias primas. Pero este «trato» choca con la oposición frontal de Emmanuel Macron y de los agricultores europeos, que denuncian una competencia desleal y una amenaza para el Pacto Verde (Green Deal).

El «Splitting»: el arma letal para salvar el acuerdo UE-Mercosur

Frente al bloqueo francés, la Comisión Europea, que actúa como el «gobierno» de la Unión, se ha sacado una carta sorpresa de la manga para salvar el acuerdo: la escisión del texto, o «splitting» en inglés.

Para entenderlo bien, hay que saber que habitualmente, un tratado de este tipo debe votarse por unanimidad de los 27 países miembros. Esto significa que un solo país, como Francia, puede bloquearlo todo diciendo «no». Es el famoso derecho de veto.

La estrategia de la Comisión consiste en dividir el texto en dos partes. Aísla la parte puramente comercial para aprobarla mediante otro sistema de votación: el voto por mayoría cualificada. En este sistema, ya no se requiere la unanimidad. La voz de Francia por sí sola ya no basta para detener la maquinaria. Es un verdadero truco de magia institucional que permite a Bruselas eludir la oposición de París para validar el corazón económico del tratado.

Acuerdo UE-Mercosur: Una Europa dividida entre industria y agricultura

Este expediente revela una fractura inédita en el seno de los Veintisiete. Por un lado, el bando del «Sí» está liderado por Alemania. Berlín, cuya economía se ralentiza, tiene una necesidad vital de nuevos mercados para sus coches y su maquinaria. Cuenta con el apoyo de España y Portugal, que, por lazos históricos y culturales, sueñan con ser la puerta de entrada logística de América Latina en Europa. Para ellos, el acuerdo es una oportunidad estratégica frente a China.

A la inversa, el bando del «No» se organiza en torno a Francia. París se niega a ver su agricultura sacrificada en el altar de las exportaciones industriales, denunciando una distorsión de la competencia insoportable. Encuentra aliados en Irlanda, aterrorizada por la llegada de la carne de vacuno sudamericana, y Austria, intransigente con las normas ecológicas. Entre ambos, Polonia e Italia juegan de árbitros. Varsovia teme por sus cereales pero sigue siendo liberal, mientras que Roma aún duda, esperando probablemente contrapartidas políticas para decantarse.

El rompecabezas del 35%: cómo intenta Francia reunir una «minoría de bloqueo»

Privada de su veto, a Francia solo le queda una opción para detener el acuerdo UE-Mercosur: construir una minoría de bloqueo. La aritmética europea es estricta: hay que reunir al menos cuatro países que representen el 35% de la población de la UE.

París se moviliza entre bastidores para convencer a Italia (13% de la población) y Polonia (8%). Si estos tres países se alían frente a Alemania —ferviente partidaria del acuerdo por su industria—, superan el umbral del 35% y el texto queda rechazado. Pero la coalición sigue siendo frágil, ya que cada capital negocia contrapartidas (fondos de compensación, ayudas sectoriales) por su propia cuenta.

🚨 La cifra que indigna: 90%
Es el porcentaje del acuerdo que entrará en vigor inmediatamente tras el voto europeo, antes incluso de que los diputados franceses (o nacionales) tengan voz y voto.
Es lo que se llama la «aplicación provisional». Si la Comisión logra su golpe de fuerza, los productos sudamericanos podrán entrar sin derechos de aduana de inmediato. Los Parlamentos nacionales solo serán consultados años más tarde para la ratificación final, haciendo casi imposible cualquier marcha atrás. Por eso la batalla actual es decisiva.

El precedente marroquí y el reto del Parlamento Europeo

Si los Estados acaban validando este paso a la fuerza, el último baluarte democrático será el Parlamento Europeo. Los eurodiputados están divididos entre la defensa del libre comercio y la protección del medio ambiente (lucha contra la deforestación en la Amazonia).

No es la primera vez que la agricultura sirve de variable de ajuste. Esta tensión recuerda a los acalorados debates en torno al [acuerdo comercial entre la UE y Marruecos], donde los productores de frutas y hortalizas ya habían alertado sobre las distorsiones de competencia. Hoy, con el acuerdo UE-Mercosur, es todo el modelo agrícola europeo el que parece estar en el banquillo.

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